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Tener inteligencias auxiliares, es una gran suerte de los poderosos acompañarse de hombres de gran entendimiento que les saquen de todos los problemas causados por la ignorancia y que incluso peleen por ellos las luchas más difíciles. El que no pudiera alcanzar a tener la sabiduría en servidumbre, que la alcance en la amistad.
Las luchas más difíciles no tienen por qué ser externas, pueden ser internas. Eso es, hay casos en que el consultor puede que sea contratado no sólo por lo que sabe, sino para evitar conflictos, o al menos, para que se atenúe el protagonismo y gestión personal por parte de la Dirección de éstos.
Por ejemplo, para un directivo es distinto que diga y justifique el informe de un consultor que algo se hace mal, que hay que centralizar determinado presupuesto goloso, despedir un porcentaje de la plantilla y especificar a quienes, renunciar a una línea de negocio, cambiar un proceso o hacer cualquier cosa que le pueda molestar, a que lo diga el propio líder o un homólogo en la organización. Otra función que tampoco, es explícita es la de descargar en parte de la responsabilidad de las decisiones a la organización.
El tema, es que los líderes de las grandes organizaciones no están tan atados como pudiera parecer. Para "mandar sin mandar", una de sus herramientas son los consultores. Como todo, requieren un compromiso en su uso, tan insensato es prescindir a priori de ellos como usarlos de guardia pretoriana permanente que les aísle de la organización.
Esta tarea "diplomática", de los consultores no es sólo de arriba a abajo, también es un cauce para que llegue a la consideración de los que toman decisiones asuntos que podrían verse distorsionados o bloqueados en su camino ascendente vía las jerarquías.
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